Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda Aquí dio fin la hermosa Agustina a su razonamiento, y aquí comenzó la admiración de los oyentes a subirse de punto; aquí comenzaron a desmenuzarse las circunstancias del caso, y también los abrazos de Constanza y Auristela que a la bella Ambrosia dieron, la cual, por ser así voluntad de su marido, hubo de volverse a su tierra, porque, por hermosa que sea, es embarazosa la compañía de la mujer en la guerra.
Aquella noche se alteró el mar de modo que fue forzoso alargarse las galeras de la playa, que en aquella parte es de contino mal segura. Los corteses catalanes, gente enojada, terrible y pacífica, suave; gente que con facilidad da la vida por la honra, y por defenderlas entrambas se adelantan a sí mismos, que es como adelantarse a todas las naciones del mundo, visitaron y regalaron todo lo posible a la señora Ambrosia Agustina, a quien dieron las gracias, después que volvieron, su hermano y su esposo.
Auristela, escarmentada con tantas esperiencias como había hecho de las borrascas del mar, no quiso embarcarse en las galeras, sino irse por Francia, pues estaba pacífica.
Ambrosia se volvió a Aragón. Las galeras siguieron su viaje, y los peregrinos el suyo, entrándose por Perpiñán en Francia.