Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda 
OR la parte de Perpiñán quiso tocar la primera de Francia nuestra escuadra, a quien dio que hablar el suceso de Ambrosia muchos días, en la cual fueron disculpa sus pocos años de sus muchos yerros, y juntamente halló en el amor que a su esposo tenía perdón de su atrevimiento. En fin, ella se volvió, como queda dicho, a su patria. Las galeras siguieron su viaje, y el suyo nuestros peregrinos, los cuales, llegando a Perpiñán, pararon en un mesón, a cuya gran puerta estaba puesta una mesa y alrededor de ella mucha gente, mirando jugar a dos hombres a los dados, sin que otro alguno jugase.
Parecióles a los peregrinos ser novedad que mirasen tantos y jugasen tan pocos. Preguntó Periandro la causa, y fuele respondido que, de los que jugaban, el perdidoso perdía la libertad, y se hacía prenda del rey para bogar el remo seis meses; y el que ganaba, ganaba veinte ducados que los ministros del rey habían dado al perdidoso para que probase en el juego su ventura.
Uno de los dos que jugaba la probó, y no le supo bien, porque la perdió, y al momento le pusieron en una cadena; y al que la ganó, le quitaron otra que para seguridad de que no huiría, si perdía, le tenían puesta: ¡miserable juego y miserable suerte, donde no son iguales la pérdida y la ganancia!