Los trabajos de Persiles y Sigismunda

Los trabajos de Persiles y Sigismunda

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Apeáronse todos, y Auristela y Constanza, que habían oído las razones de la huéspeda, le preguntaron qué había en aquella posada que tanto encarecía el verla.

—Vénganse conmigo —respondió la huéspeda—, y verán lo que verán, y dirán lo que yo digo.

Guió, y siguiéronla, donde vieron echada en un lecho dorado a una hermosísima muchacha, de edad, al parecer, de diez y seis o diez y siete años; tenía los brazos aspados y atados con unas vendas a los balaustres de la cabecera del lecho, como que le querían estorbar el moverlos a ninguna parte; dos mujeres, que debían de servirla de enfermeras, andaban buscándole las piernas para atárselas también, a lo que la enferma dijo:

—Basta que se me aten los brazos, que todo lo demás las ataduras de mi honestidad lo tiene ligado.

Y, volviéndose a las peregrinas, con levantada voz dijo:

—¡Figuras del cielo!, ¡ángeles de carne!, sin duda creo que venís a darme salud, porque de tan hermosa presencia y de tan cristiana visita no se puede esperar otra cosa. Por lo que debéis a ser quien sois, que sois mucho, que mandéis que me desaten, que con cuatro o cinco bocados que me dé en el brazo, quedaré harta y no me haré más mal, porque no estoy tan loca como parezco, ni el que me atormenta es tan cruel que dejará que me muerda.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker