Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda »Otro día… (¿Quién podrá creer esto? ¡Qué de rodeos tienen las desgracias para alcanzar más presto a los desdichados!) Digo, que otro día concertó mi tío que volviésemos a Italia, y, sin poderme escusar ni valerme el fingirme enferma, porque el pulso y la color me hacían sana, mi tío no quiso creer que de enferma, sino de mal contenta del casamiento, buscaba trazas para no partirme. En este tiempo le tuve para escribir a Andrea de lo que me había sucedido, y que era forzoso el partirme; pero que yo procuraría pasar por esta ciudad, donde pensaba fingirme endemoniada, y dar lugar con esta traza a que él le tuviese de dejar a Salamanca y venir a Luca, adonde, a pesar de mi tío, y aun de todo el mundo, sería mi esposo; así que, en su diligencia estaba mi ventura y aun la suya, si quería mostrarse agradecido. Si las cartas llegaron a sus manos, que sí debieron de llegar, porque los portes las hacen ciertas, antes de tres días ha de estar aquí. Yo, por mi parte, he hecho lo que he podido; una legión de demonios tengo en el cuerpo, que lo mismo es tener una onza de amor en el alma, cuando la esperanza desde lejos la anda haciendo cocos».