Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda »Respondió, después de haberme visto no sé cuántas veces en la iglesia, que por mi persona sola, sin los adornos de la nobleza y de la riqueza, me hiciera señora del mundo si pudiera, y que me suplicaba durase firme algún tiempo en mi amorosa intención, a lo menos hasta que él dejase en Salamanca a un amigo suyo, que con él desta ciudad había partido a seguir el estudio. Respondíle que sí haría, porque en mí no era el amor importuno, ni indiscreto, que presto nace y presto se muere. Dejóme entonces por honrado, pues no quiso faltar a su amigo, y con lágrimas, como enamorado, que yo se las vi verter, pasando por mi calle, el día que se partió sin dejarme y yo me fui con él sin partirme.