Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda —«Yo, señoras, soy la infelice Isabela Castrucha, cuyos padres me dieron nobleza, la fortuna, hacienda, y los cielos, algún tanto de hermosura. Nacieron mis padres en Capua, pero engendráronme en España, donde nací, y me crié en casa deste mi tío que aquí está, que en la corte del emperador la tenía. ¡Válame Dios, y para qué tomo yo tan de atrás la corriente de mis desventuras! Estando, pues, yo en casa deste mi tío, ya huérfana de mis padres, que a él me dejaron encomendada y por tutor mío, llegó a la corte un mozo, a quien yo vi en una iglesia, y le miré tan de propósito… (y no os parezca esto, señoras, desenvoltura, que no parecerá, si consideráredes que soy mujer); digo que le miré en la iglesia de tal modo que en casa no podía estar sin mirarle, porque quedó su presencia tan impresa en mi alma que no la podía apartar de mi memoria. Finalmente, no me faltaron medios para entender quién él era, y la calidad de su persona, y qué hacía en la corte o dónde iba, y lo que saqué en limpio fue que se llamaba Andrea Marulo, hijo de Juan Bautista Marulo, caballero desta ciudad, más noble que rico, y que iba a estudiar a Salamanca. En seis días que allí estuvo, tuve orden de escribirle quién yo era y la mucha hacienda que tenía, y que de mi hermosura se podía certificar, viéndome en la iglesia; escribíle, asimismo, que entendía que este mi tío me quería casar con un primo mío, porque la hacienda se quedase en casa, hombre no de mi gusto, ni de mi condición, como es verdad; díjele asimismo que la ocasión en mí le ofrecía sus cabellos, que los tomase, y que no diese lugar en no hacello al arrepentimiento, y que no tomase de mi facilidad ocasión para no estimarme.