Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda —Porque habĂ©is de saber, señor —dijeron—, que nosotros somos judĂos: yo me llamo ZabulĂłn, y mi compañero Abiud; tenemos por oficio adornar casas de todo lo necesario, segĂşn y como es la calidad del que quiere habitarlas, y allĂ llega su adorno donde llega el precio que se quiere pagar por ellas.
A lo que el criado respondiĂł:
—Otro compañero mĂo desde ayer está en Roma con intenciĂłn que tenga preparado el alojamiento, conforme a la calidad de mi amo y de todos aquellos que aquĂ vienen.
—Que me maten —dijo Abiud—, si no es éste el francés que ayer se contentó con la casa de nuestro compañero Manasés, que la tiene aderezada como casa real.
—Vamos, pues, adelante —dijo el criado de Croriano—, que mi compañero debe de estar por aquĂ esperando a ser nuestra guĂa, y, cuando la casa que tuviere no fuere tal, nos encomendaremos a la que nos diere el señor ZabulĂłn.
Con esto pasaron adelante, y a la entrada de la ciudad vieron los judĂos a ManasĂ©s, su compañero, y con Ă©l al criado de Croriano, por donde vinieron en conocimiento que la posada que los judĂos habĂan pintado era la rica de ManasĂ©s; y asĂ, alegres y contentos, guiaron a nuestros peregrinos, que estaba junto al arco de Portugal.