Los trabajos de Persiles y Sigismunda

Los trabajos de Persiles y Sigismunda

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Preguntéle al que me las enseñaba qué significaban aquellos nombres. Respondióme que se esperaba que presto se había de descubrir en la tierra la luz de un poeta que se había de llamar Torcuato Tasso, el cual había de cantar Jerusalén recuperada, con el más heroico y agradable plectro que hasta entonces ningún poeta hubiese cantado, y que casi luego le había de suceder un español, llamado Francisco López Duarte, cuya voz había de llenar las cuatro partes de la tierra, y cuya armonía había de suspender los corazones de las gentes, contando la invención de la Cruz de Cristo, con las guerras del emperador Constantino: poema verdaderamente heroico y religioso, y digno del nombre de poema.

A lo que replicó Periandro:

—Duro se me hace de creer que de tan atrás se tome el cargo de aderezar las tablas donde se hayan de pintar los que están por venir, que en efeto en esta ciudad, cabeza del mundo, están otras maravillas de mayor admiración. Y ¿habrá otras tablas aderezadas para más poetas venideros? —preguntó Periandro.

—Sí —respondió el peregrino—, pero no quise detenerme a leer los títulos, contentándome con los dos primeros; pero así a bulto miré tantos, que me doy a entender que la edad, cuando éstos vengan, que, según me dijo el que me guiaba, no puede tardar, ha de ser grandísima la cosecha de todo género de poetas. Encamínelo Dios como él fuere más servido.


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