Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda Y esto cubriendo la cruz, porque no tomase las señas della.
La cual respondió:
—Con decir que estoy enamorada, ciega y loca, quedará este peregrino disculpado y yo esperando la pena que el señor gobernador quisiere darme por mi amoroso delito.
Y le contó punto por punto lo que con Periandro le había pasado, de lo que se admiró el gobernador, antes del atrevimiento que del amor de Hipólita: que de semejantes sujetos son propios los lascivos disparates. Afeóle el caso, pidió a Periandro la perdonase, diole por libre, y volvióle la cruz, sin que en aquella causa se escribiese letra alguna, que no fue ventura poca.
Quisiera saber el gobernador quién eran los peregrinos que habían dado las joyas en prendas del retrato de Auristela, y asimismo quién era él y quién Auristela.
A lo que respondió Periandro: