Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda 
ONTENTÍSIMA estaba Hipólita de ver que las artes de la cruel Julia tan en daño de la salud de Auristela se mostraban, porque en ocho días la pusieron tan otra de lo que ser solía, que ya no la conocían sino por el órgano de la voz; cosa que tenía suspensos a los médicos y admirados a cuantos la conocían. Las señoras francesas atendían a su salud con tanto cuidado como si fueran sus queridas hermanas, especialmente Feliz Flora, que con particular afición la quería.
Llegó a tanto el mal de Auristela que, no conteniéndose en los términos de su juridición, pasó a la de sus vecinos, y, como ninguno lo era tanto como Periandro, el primero con quien encontró fue con él, no porque el veneno y maleficios de la perversa judía obrasen en él derechamente, y con particular asistencia, como en Auristela, para quien estaban hechos, sino porque la pena que él sentía de la enfermedad de Auristela era tanta, que causaba en él el mismo efeto que en Auristela, y así se iba enflaqueciendo, que comenzaron todos a dudar de la vida suya como de la de Auristela.