Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda Viendo lo cual Hipólita, y que ella misma se mataba con los filos de su espada, adivinando con el dedo de dónde procedía el mal de Periandro, procuró darle remedio, dándosele a Auristela, la cual, ya flaca, ya descolorida, parecía que estaba llamando su vida a las aldabas de las puertas de la muerte; y, creyendo sin duda, que por momentos la abrirían, quiso abrir y preparar la salida a su alma por la carrera de los sacramentos, bien como ya instruida en la verdad católica; y así, haciendo las diligencias necesarias, con la mayor devoción que pudo, dio muestras de sus buenos pensamientos, acreditó la integridad de sus costumbres, dio señales de haber aprendido bien lo que en Roma la habían enseñado, y, resignándose en las manos de Dios, sosegó su espíritu y puso en olvido reinos, regalos y grandezas.