Novelas ejemplares
Novelas ejemplares En efecto, ya en La Galatea (1585) encontramos este tipo de narraciones. El libro se apega al canon tradicional de la novela pastoril, en el camino trazado por la Diana de Montemayor, donde una historia principal sirve de hilo conductor a otras que se suceden y entrelazan. En este caso, la historia de los amores de Galatea desempeña tal función y en ella confluyen las restantes: la trágica narración en las riberas del Betis; la historia de los dos amigos, Timbrio y Silerio, enamorados de Nísida; la historia de los hermanos gemelos (Teolinda y Leonarda, por un lado, Artidoro y Galercio, por otro); la narración de Rosaura y Grisaldo, etc. Algunas de estas narraciones pueden ser consideradas novelas cortas al estilo italiano, como la ya mencionada novela de los dos amigos, Timbrio y Silerio, ambos enamorados de Nísida: los dos sacrifican sus propias preferencias por el otro y al fin logran resolver el caso mediante la intervención de una hermana de aquella, Blanca, que pasa a ser el amor de Silerio, mientras que Nísida se une a Timbrio. El argumento procede de la novela octava de la jornada décima del Decamerón de Boccaccio. El italiano la sitúa en la Grecia de la antigüedad; los protagonistas son Tito y Gisippo, por una parte, y Sofronia y su hermana Fulvia, por otra. En cambio Cervantes sitúa los hechos en Jérez y Nápoles y en su época; los protagonistas son audaces y valerosos, hay abordajes, cautivos… La narración se muestra más objetiva en el original de Boccaccio, mientras que Timbrio y Silerio la cuentan de forma mucho más personal en sus casos y se utiliza el ambiente pastoril para la resolución final y feliz de la trama.