Novelas ejemplares
Novelas ejemplares A esta sazón tenía Isabela catorce y Ricaredo veinte añosy, en esta tan verde y tan florida edad, su mucha discreción y conocida prudencia los hacía ancianos. Cuatro días faltaban para llegarse aquel en el cual sus padres de Ricaredo querían que su hijo inclinase el cuello al yugo santo del matrimonio, teniéndose por prudentes y dichosísimos de haber escogido a su prisionera por su hija, teniendo en más la dote de sus virtudes que la mucha riqueza que con la escocesa se les ofrecía. Las galas estaban ya a punto, los parientes y los amigos convidados y no faltaba otra cosa sino hacer a la reina sabidora de aquel concierto; porque, sin su voluntad y consentimiento, entre los de ilustre sangre, no se efetúa casamiento alguno; pero no dudaron de la licencia y, así, se detuvieron en pedirla.
Digo, pues, que, estando todo en este estado, cuando faltaban los cuatro días hasta el de la boda, una tarde turbó todo su regocijo un ministro de la reina que dio un recaudo[578] a Clotaldo: que Su Majestad mandaba que otro día[579] por la mañana llevasen a Su presencia a su prisionera, la española de Cádiz. Respondiole Clotaldo que de muy buena gana haría lo que Su Majestad le mandaba. Fuese el ministro y dejó llenos los pechos de todos de turbación, de sobresalto y miedo.