Cinco obras en un acto
Cinco obras en un acto SCHIPUCHIN.—No estoy diciendo ninguna indirecta… ¡Qué carácter más insoportable tiene usted!… Pues, como le iba diciendo…; en mi casa puedo ser un modesto burgués y obedecer a mis costumbres, pero aquí todo tiene que ser «en grand»… ¡Esto es un Banco!… ¡Aquí el menor detalle tiene que imponer!… ¡Que tener, digamos, un aspecto solemne! (Recogiendo del suelo un papelito y tirándolo a la chimenea.) Mi mérito está, precisamente, en haber elevado a gran altura el prestigio del Banco… El «tono» es asunto de suma importancia. (Examinando a JIRIN) ¡Querido mío!… ¡De un momento a otro puede presentarse aquí la Comisión de Directivos, y usted ahí, con los «valenkii» puestos, esa bufanda y esa americana de no se sabe qué color!… ¡Podía haberse vestido de frac o, por lo menos, llevar una levita negra!
JIRIN.—Para mí la salud es más preciosa que todos sus dirigentes bancarios. Tengo el cuerpo congestionado.
SCHIPUCHIN.—(Agitado.) Pero ¡convenga usted en que introduce usted un desorden! ¡En que altera usted el conjunto!