Cinco obras en un acto
Cinco obras en un acto SVETLOVIDOV.—«Pues mira tú en qué opinión tan baja me tienes. Tú me quieres tocar, presumes conocer mis registros, pretendes extraer lo más íntimo de mis secretos, quieres hacer que suene desde el más agudo hasta el más grave de mis tonos; y ve aquí este pequeño órgano, capaz de excelentes voces y de armonía, que tú no puedes hacer soñar. ¿Y juzgas que se me tañe a mí con más facilidad que a una flauta? No, dame el nombre del instrumento que quieras; por más que le manejes y te fatigues, jamás conseguirás hacerle producir el menor sonido.» (Ríe y aplaude.) ¡Bravo! ¡Bis! ¡Bravo!… ¡La vejez!… ¡Qué diablos! ¡Aquí no hay vejez ninguna!… ¡Tontería todo!… ¡La fuerza fluye tan rápida por mis tendones como el agua por la fuente!… ¡Esto significa juventud, frescor, vida!… ¡Donde hay talento, Nikituschka, no hay vejez!… ¿Estás aturdido, Nikituschka?… Espera… Déjame a mí también recobrar el sentido… ¡Oh, Dios mío!… Escucha esto… ¡Qué música, qué ternura, qué delicadeza!… Tsss. Silencio…
¡Queda es la noche ucraniana!
¡Transparente el cielo!
¡Brillan las estrellas!
¡Vencer su somnolencia,
no quiere el aire!
¡Las hojas del sauce de plata
apenas palpitan!…[5]