Cinco obras en un acto

Cinco obras en un acto

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(Se Oye ruido de puertas al abrirse.) ¿Qué es eso?

NIKITA IVANICH.—Petruschka y Egorka, seguramente, que habrán venido… ¡Es usted un talento, Vasil Vasilich! ¡Un talento!

SVETLOVIDOV.—(Con fuerte voz y por el lado de donde llega el ruido.) ¡Aquí mis halcones!… (A NIKITA IVANICH.) ¡Vamos a vestirnos! ¡No existe vejez ninguna! ¡Tontería todo! (Riendo alegremente.) ¿Por qué lloras?… ¡Tonto querido!… ¿Por qué haces pucheros? ¡Eso no puede ser! ¡No está bien!… ¡Bueno, bueno, viejo!… ¡Basta ya de mirarme así!… ¿Porqué mirarme de esa manera? ¡Bueno, bueno!… (abrazándole entre lágrimas.) ¡No se debe llorar!… ¡Donde hay arte y donde hay talento, no hay ni vejez, ni soledad, ni enfermedades, y hasta la misma muerte parece otra! (Llora.) ¡No, Nikituschka!… ¡Nuestra canción está cantada!… ¡Vaya talento el mío!… ¡Lo que soy es un limón estrujado…, un clavo oxidado!… ¡Y tú, vieja rata de teatro, un triste apuntador!… ¡Vámonos! (Echa a andar.) ¡Vaya talento el mío!… ¡En obras serias, no sirvo más que para formar en el séquito de Fortimbrás! ¡Y aun para eso estoy ya viejo!… Sí… ¿Te acuerdas de este pasaje de «Otelo», Nikituschka?…

¡Adiós tranquilidad; adiós contento;

adiós brillo marcial y vastas guerras

que trocáis ambiciones en virtudes!


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