El Jardín de los Cerezos
El Jardín de los Cerezos DUNIASCHA.—¿Por qué no? Es una persona tranquila. Su único defecto es que cuando empieza a hablar no sabe contenerse, y habla, habla… No se le entiende todo lo que dice. Pero habla con entusiasmo, convencido de que sus palabras tienen un valor. A mí, a decir verdad, no me disgusta. Me quiere locamente. En el fondo, es una persona que no tiene suerte. Cada día le sucede alguna peripecia. En su casa se burlan de él. Le dan el nombre de el «Veintidós desgracias».
LOPAKHIN.—(Aplicando el oído.) Duniascha, paréceme que llegan…
DUNIASCHA.—¡Llegan!… ¡Dios grande!… Casi me dan escalofríos…; ¡brrr!
LOPAKHIN.—En verdad, llegan. Vamos a su encuentro. ¿Me reconocerán todavía? ¡Cinco años hace que no nos hemos visto!