El Jardín de los Cerezos
El Jardín de los Cerezos LUBOVA.—(A Lopakhin.) Y usted, ¿por qué no se ha casado? Ahí está nuestra Varia, buena muchacha, excelente por todos conceptos.
LOPAKHIN.—Sí.
LUBOVA.—Laboriosa, sencilla, y que, además, siente por usted cierto cariño.
LOPAKHIN.—No digo que no; Varia es una buenísima muchacha.
GAIEF.—Se me propone un empleo en un banco; sesenta mil rublos por año.
LUBOVA.—No digas majaderías.
FIRZ.—(Con el abrigo de Gaief.) Tenga la bondad de ponerse el abrigo. Temo que se resfríe.
GAIEF.—¡Me aburres, hombre!
FIRZ.—No importa.
LUBOVA.—Firz, ¡cómo has envejecido!
FIRZ.—¿Qué desea la señora?
LOPAKHIN.—La señora dice que tú has envejecido.