El Jardín de los Cerezos
El Jardín de los Cerezos TROFIMOF.—Tú, en cambio, eres una plaga social.
LOPAKHIN.—Yo trabajo desde por la mañana hasta la noche. Levántome de la cama a las seis, y antes, si es preciso. Nunca me falta dinero: el mío o el de los demás. Alrededor de mí observo a los hombres y veo cómo se desenvuelven. Es preciso trabajar. Trabajando, compréndese cuán reducido es el número de las personas honradas. A veces, cuando no puedo conciliar el sueño, me pongo a pensar: «Dios mío, tú nos has deparado los grandes bosques, los inmensos campos, los horizontes profundos; y, en nuestra calidad de habitantes de esta tierra enorme y prodigiosa, nosotros debiéramos ser gigantes…»
GAIEF.—Déjanos en paz con tus gigantes. Los gigantes no caben sino en los cuentos de hadas. (Epifotof pasa tocando una melodía melancólica. Todos escuchan. Larga pausa.)
LUBOVA.—Epifotof viene…
ANIA.—(Pensativa.) Epifotof viene…
GAIEF.—El sol se pone.
TROFIMOF.—Sí.
GAIEF.—(A media voz, y como declamando.) ¡Oh, Naturaleza! Tú brillas con tu eterno esplendor.
VARIA.—(Suplicante.) ¡Tío!
ANIA.—¿Otra vez? ¡Tío, tío!…