El Jardín de los Cerezos
El Jardín de los Cerezos TROFIMOF.—(Observando su fisonomía.) Realmente, hay en el rostro de usted algo de caballar.
PITSCHIK.—Siquiera el caballo es un animal vendible, que se puede convertir en dinero.
(En una sala vecina, ruido de bolas de billar. Varia aparece bajo la arcada.)
TROFIMOF.—Señora Lopakhin… Señora Lopakhin…
VARIA.—(Con muestras de agrado.) Señor tiñoso…
TROFIMOF.—Me enorgullezco de ello.
VARIA.—(Después de una pausa.) Ahí están los músicos, que vienen a pedir su salario. ¿Pero cómo se les pagará?
TROFIMOF.—(A Pitschik.) Si en lugar de gastar su energía buscando fondos la emplease usted en cualquier otra cosa, hubiera ya, probablemente, solucionado, el Universo.
PITSCHIK.—Se expresa usted como Nietzsche. Tiene usted, en verdad, mucho talento.
TROFIMOF.—¿Ha leído usted a Nietzsche? ¿Por dónde se ha enterado de Nietzsche?