La gaviota
La gaviota DORN.—Nada de tonterías. El vino y el tabaco despersonalizan. Después de un cigarro o de un vasito de vodka, usted ya no es Piotr Nikoláievich, sino Piotr Nikoláievich y alguien más; su «yo» se dispersa y usted se trata a sí mismo como a una tercera persona, como a un «él».
SORIN.—(Riéndose.) Usted sí que… puede hacer comentarios. Usted ha vivido su vida. Pero ¿y yo? Yo he prestado servicios en el Departamento de Justicia durante veintiocho años, y aún no he vivido, no he experimentado nada, en resumidas cuentas; es muy comprensible que tenga muchas ganas de vivir. Usted está ahíto y es indiferente; por esto se siente inclinado hacia la filosofía; en cambio, yo quiero vivir y por esto bebo jerez en el almuerzo y fumo cigarros, eso es. Y eso es todo.
DORN.—Hay que tomar la vida en serio, y eso de cuidarse a los sesenta años, lamentarse de haber disfrutado poco en la juventud, usted perdone, es frivolidad.
MASHA.—(Se levanta.) Es hora de almorzar, me parece. (Camina perezosa.) Se me ha dormido una pierna… (Sale.)
DORN.—Se va y antes de comer se echará al coleto un par de vasitos de vodka.
SORIN.—La pobrecita no sabe lo que es la felicidad.
DORN.—Palabras, excelencia.
SORIN.—Usted razona como persona ahíta.