La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Cuando un hombre libre entra en un pabellón no se descubre. Semejante cortesía solo es obligatoria para los presos. Caminamos con el gorro puesto entre las tarimas, mientras los presos siguen de pie y nos miran en silencio. También nosotros guardamos silencio y los miramos; parece como si hubiéramos venido a comprarlos. Seguimos adelante y entramos en otro pabellón: la misma terrible miseria, tan difícil de ocultar bajo los harapos como una mosca bajo una lupa; la misma vida desesperada, nihilista en el sentido estricto del término, que niega la propiedad, la vida privada, las comodidades y el sueño tranquilo.
Los presos que viven en la prisión de Aleksándrovsk gozan de una relativa libertad: no llevan cadenas, tienen derecho, durante el día, a salir de la cárcel e ir adonde les plazca sin escolta; no están obligados a llevar uniforme, y se visten como mejor les parece, según el tiempo y el trabajo. Los evadidos capturados y los presos a los que se les han abierto diligencias por un nuevo delito están encerrados en un edificio especial llamado «Los Grilletes». La amenaza que más se oye en Sajalín es: «¡Vas a ver cuando te ponga los grilletes!». La entrada a ese terrible lugar está custodiada por guardias, uno de los cuales nos informa de que en «Los Grilletes» todo va bien.