La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Un candado enorme, poco manejable, verdadera pieza de museo, se abre con estruendo y penetramos en una pequeña celda en la que hay unas veinte personas, capturadas recientemente después de un intento de fuga. Harapientos, sucios, encadenados, con zapatos informes atados con trapos y bramante; una mitad del cráneo cubierto de cabellos desgreñados, mientras la otra, afeitada hace unos días, empieza a cubrirse de pelusa. Todos están enflaquecidos y secos, pero parecen llenos de vigor. No hay ropa de cama, de modo que se acuestan directamente sobre la madera. En una esquina hay un orinal; todos los presos deben hacer sus necesidades en presencia de veinte testigos. Uno pide que se le libere y jura que jamás se volverá a escapar; otro ruega que le quiten los grilletes; otro se queja de la insuficiente ración de pan.

Presos cargando troncos
Hay celdas que albergan a solo dos o tres presos y celdas individuales. Es un lugar donde se encuentra uno con gente muy interesante.