La isla de Sajalin
La isla de Sajalin De los recluidos en celdas individuales merece especial mención la famosa Sofía Blüwstein, «Mano de Oro», condenada a tres años de trabajos forzados por escapar de Siberia. Es una mujer pequeña, delgada, con el cabello ya canoso y el rostro ajado y envejecido. Tiene grilletes en las manos. En la tarima solo hay una zamarra gris de piel de oveja que le sirve de ropa de abrigo y de cama. Va de un lado a otro de la celda y parece olisquear el aire como un ratón en una ratonera; en realidad, la expresión de su rostro es de roedor. Al mirarla, cuesta creer que antaño su belleza hechizara a los carceleros, como por ejemplo en Smolensk, donde un guardián la ayudó a escapar y huyó con ella. Al principio, vivió en Sajalín como todas las mujeres que envían aquí, en un alojamiento de la ciudad. Intentó huir disfrazada de soldado, pero fue detenida. En el periodo de su estancia fuera de la cárcel, se perpetraron varios delitos: el tendero Nikitin fue asesinado, a un judío exiliado llamado Yurovski le robaron cincuenta y seis mil rublos. En ambos casos las sospechas recayeron en Mano de Oro, que fue acusada ya de participación directa, ya de complicidad. Las autoridades encargadas de instruir los casos los embrollaron tanto y se enredaron tanto ellas mismas en tal trama de incongruencias y errores que el asunto se ha vuelto completamente incomprensible. En cualquier caso, aún no se han encontrado los cincuenta y seis mil rublos, que por ahora sirven de argumento a los más diversos y fantasiosos relatos.