La isla de Sajalin
La isla de Sajalin En los días de buen tiempo, poco frecuentes, la cárcel se ventila perfectamente: las ventanas y las puertas se abren de par en par y los presos pasan la mayor parte del tiempo en el patio o fuera de la prisión. Pero en invierno y en los días de tiempo desapacible, es decir, durante diez meses al año, hay que contentarse con las ventanillas y las estufas. La madera de abeto y de alerce, empleada en la construcción de la prisión y en los cimientos, asegura una buena ventilación natural, aunque precaria, ya que, la alta humedad del aire de Sajalín y las abundantes lluvias, así como los vapores que emanan del interior, hacen que en los poros de la madera se acumule el agua, que en invierno se hiela; la ventilación, entonces, se vuelve deficiente y cada uno de los presos dispone de poco aire. En mi libreta anoté: «Pabellón n.º 9. Volumen cúbico de aire ciento ochenta y siete sazhens. Contiene sesenta y cinco presos». Esas cifras se refieren al verano, cuando solo la mitad de los presos pasa la noche en la prisión. Las cifras del informe médico de 1888 son las siguientes: «Volumen total de aire para los detenidos: novecientos setenta sazhens. El número de presos varía entre mil novecientos cincuenta y mil seiscientos veintitrés, con una media anual de mil setecientos ochenta y cinco. Pasan la noche en la prisión setecientos cuarenta, lo que supone un volumen de aire de un sazhen con treinta y uno por persona». La prisión está menos masificada en verano, pues en esa época se envía a los presos a trabajar en la construcción de carreteras y en las labores agrícolas; la aglomeración es máxima en otoño, cuando vuelven del trabajo y el Dobrovolets trae una nueva partida de cuatrocientas a quinientas personas, que son internadas en la prisión de Aleksándrovsk hasta su distribución en los restantes centros penitenciarios. En definitiva, el volumen de aire por persona es menor precisamente en la época en que la ventilación es menos efectiva.