La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Es imposible determinar cuántas horas debe pasar un preso arrastrando un tronco en medio de una tormenta de nieve; no se puede impedir que trabaje por la noche cuando es indispensable; la misma ley prohíbe liberar del trabajo, los días de fiesta, a un preso que ha hecho propósito de enmienda empleado en una mina de carbón si forma equipo con un preso a prueba, pues entonces habría que liberar a ambos e interrumpir el trabajo. A menudo se confía la dirección a personas incompetentes, desmañadas e incapaces, y el resultado es un gran despilfarro de energía. Por ejemplo, la carga y descarga de los barcos, que en Rusia no exige un esfuerzo excepcional, suele convertirse para los presos de Aleksándrovsk en una auténtica tortura. No hay grupos especialmente preparados y adiestrados para trabajar en el mar, los hombres cambian cada vez, por eso se observa a menudo un tremendo desorden en los momentos de fuerte oleaje: en el barco los hombres blasfeman, se salen de sus casillas; abajo, en las barcazas, que no dejan de chocar con el navío, hay hombres de rostro verdoso y desfigurados por el mareo, mientras alrededor flotan los remos que han dejado escapar. En definitiva, el trabajo se dilata, se pierde tiempo y la gente soporta tormentos innecesarios. Una vez, durante la descarga de un barco, escuché a un vigilante que decía: «Mis hombres no han comido nada en todo el día».