La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Como había leído mucho acerca de las tormentas y de los témpanos de hielo del estrecho de Tartaria, esperaba encontrar a bordo del Baikal balleneros de voces roncas, que hablaban al tiempo que mascaban tabaco; en realidad, eran personas bastante educadas. El capitán del barco, el señor L., oriundo de la región occidental, lleva más de treinta años navegando por los mares septentrionales, atravesándolos de un extremo al otro. Durante todo ese tiempo ha visto muchos sucesos extraordinarios, sabe infinidad de cosas y su conversación es muy interesante. Tras haber pasado la mitad de su vida en los mares de Kamchatka y de las islas Kuriles, podría hablar con mayor autoridad que Otelo de «los más áridos desiertos, las simas más terribles, los riscos más inexpugnables». Le estoy muy agradecido por la copiosa información que me ha proporcionado, que me ha sido de gran utilidad en la preparación de estas notas. Tiene tres ayudantes: el señor B., sobrino del famoso astrónomo B., y dos suecos: Iván Martínich e Iván Veniamínich, personas afables y atentas.