La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Cerca de la casita un perro feroz tira de su cadena. Hay un cañón y una campana. Se dice que pronto instalarán una sirena que aullará los dÃas de bruma, llenando de angustia el corazón de los habitantes. Cuando te encuentras en la linterna del faro y ves a tus pies el mar y los Tres Hermanos, donde las olas se deshacen en espuma, la cabeza te da vueltas y el miedo se apodera de ti. Se vislumbra confusamente la costa de Tartaria e incluso la entrada a la bahÃa de De Castries; el vigilante del faro dice que a menudo puede ver cómo los barcos entran y salen de allÃ. El vasto mar, iluminado por el sol, resuena abajo con sordo rumor. La lejana orilla atrae de forma tentadora y uno se siente henchido de tristeza y angustia, como si le asaltara la idea de que jamás podrá abandonar SajalÃn. Al contemplar esa orilla se apoderó de mà el convencimiento de que, si fuera un preso, tratarÃa de escapar cuanto antes al precio que fuese.

Presos en la mina