La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Se dice que en otro tiempo en el camino que lleva al faro había bancos, pero que se vieron obligados a retirarlos porque los condenados y los colonos, durante sus paseos, escribían y grababan a punta de cuchillo zafias groserías y todo tipo de obscenidades. Los aficionados a las obscenidades también abundan en libertad, pero en el penal el cinismo excede cualquier medida y no admite comparación. Aquí no solo los mensajes escritos en los bancos y en las paredes de los patios son abominables, sino también las cartas de amor. Resulta sorprendente que un hombre escriba y grabe en un banco toda clase de porquerías cuando al mismo tiempo se siente perdido, abandonado, profundamente infeliz. Por ejemplo, un hombre ya viejo comenta que el mundo ya no le interesa y que ha llegado la hora de morir; padece un reumatismo terrible y apenas ve, pero con qué gusto pronuncia sin descanso blasfemias de carretero, empleando cualquier palabrota obscena y rebuscada, como un exorcismo contra la fiebre. Si una persona sabe escribir y se encuentra en un lugar aislado, es difícil que pueda resistir la tentación de garabatear en la pared, aunque sea con las uñas, alguna palabra obscena.