La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Exteriormente Kórsakosvkoie se parece mucho a una agradable aldea rusa, y además apartada, aún no tocada por la civilización. Lo visité por primera vez un domingo después de la comida. Hacía buen tiempo y todo estaba en calma; se notaba que era día de fiesta. Los mujiks dormían a la sombra o bebían té; en las puertas de las casas o bajo las ventanas las mujeres se quitaban los piojos. En los jardincillos delanteros y en los huertos había flores, y en las ventanas geranios. Había muchos niños, y todos estaban en la calle, jugando a los soldados o a los caballos, o correteando junto a perros bien nutridos, con ganas de dormir. Y cuando el pastor, un viejo vagabundo, apareció con un rebaño de más de ciento cincuenta cabezas y el aire se lleno de sonidos veraniegos, mugidos, fustazos, gritos de mujeres y niños que perseguían a los terneros, del ruido sordo de los pies descalzos y las pezuñas en el camino polvoriento y lleno de boñigas de vaca, y todo se impregnó de olor a leche, la ilusión fue ya completa. Hasta el curso del río Duika es hermoso en ese punto. En algunos lugares bordea los patios traseros, atraviesa los huertos; sus orillas son verdes, están cubiertas de mimbreras y juncos. Cuando lo vi, las sombras del atardecer se posaban sobre su superficie completamente tersa, sus aguas estaban en calma y parecían dormir.