La isla de Sajalin
La isla de Sajalin La jornada era tranquila y despejada. En cubierta hacía calor, en los camarotes el ambiente era sofocante; el agua estaba a dieciocho grados. Un tiempo digno del mar Negro. En la margen derecha ardía el bosque; su masa verde ininterrumpida irradiaba llamas purpúreas; las volutas de humo se fusionaban en una prolongada e inmóvil franja negra suspendida sobre los árboles… Era un incendio colosal, pero a su alrededor todo era tranquilidad y silencio; a nadie preocupaba que se destruyeran bosques enteros. Por lo visto, en este lugar, la riqueza vegetal pertenece únicamente a Dios.