La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Todas las isbas son idénticas, con dos ventanas, construidas con madera verde de mala calidad por gentes cuyo único fin es cumplir como sea la condena y volver al continente. La administración no ejerce ningún control sobre la construcción, probablemente porque no hay un solo funcionario que sepa cómo se construye una isba y se monta una estufa. No obstante, la plantilla de Sajalín cuenta con un arquitecto, pero estaba ausente durante mi visita; además, supongo que solo se ocupa de las obras del Estado. El edificio más agradable y acogedor es el que ocupa el vigilante Ubiennij (Abrumado), un soldado menudo, endeble, cuyo aspecto se corresponde totalmente con su apellido. En efecto, su rostro expresa cierto abatimiento y una amarga consternación, quizá debida a la presencia, en la única habitación de que dispone, de una exiliada alta y rolliza, su cohabitante, que le ha obsequiado con una numerosa descendencia. Recibe el sueldo de un vigilante jefe y su trabajo consiste exclusivamente en informar a los visitantes de que todo lo que sucede en este mundo es maravilloso. Pero tampoco a él le gusta Krasni Yar y tiene ganas de largarse. Me preguntó si permitirían que su compañera le siguiera cuando le concedieran el retiro y partiera para el continente. Esa cuestión le preocupa mucho.