La isla de Sajalin
La isla de Sajalin La mañana era gris, desapacible, fría. El mar rugía intranquilo. Recuerdo que, en el camino que lleva de la vieja mina a la nueva, nos detuvimos un instante junto a un viejo caucasiano que yacía sobre la arena, en un estado de síncope agudo; dos compatriotas le agarraban por los brazos, mirando a su alrededor con aire impotente y desconcertado. El viejo estaba pálido, tenía las manos frías y el pulso débil. Tras intercambiar unas palabras, seguimos nuestro camino, sin ofrecerle ayuda. Cuando le comenté al médico que me acompañaba que al menos podría haberle administrado unas gotas de valeriana, me respondió que el enfermero de la cárcel de Voievodsk no tenía ningún tipo de medicamento.