La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Cuando deambulaba de isba en isba, el vigilante, un colono oriundo de Pskov, no se apartaba de mi lado. Recuerdo que le pregunté si era miércoles o jueves. Me respondió:
—No lo recuerdo, excelencia.
En una de las dependencias oficiales vive Karp Yerofeich Mikriukov, furrier retirado, decano de los vigilantes de Sajalín, adonde llegó en 1860, cuando la colonia penitenciaria empezaba a organizarse; de todos los habitantes de Sajalín es el único que podría escribir la historia completa de la isla. Es locuaz, responde a las preguntas con evidente placer y la morosidad típica de los ancianos. La memoria empieza a fallarle y solo puede recordar con precisión acontecimientos sucedidos en un pasado muy remoto. Su alojamiento es más que decoroso, con buenos muebles; hasta tiene dos retratos pintados al óleo, el suyo y el de su difunta esposa con una flor en el pecho. Nació en el distrito de Viatka y su rostro recuerda muchísimo el del escritor Fet. Oculta su verdadera edad. Dice que solo tiene sesenta y un años cuando en realidad pasa de los setenta. Se ha casado en segundas nupcias con la hija de un colono, una mujer joven con la que ha tenido seis hijos, con edades comprendidas entre uno y seis años. El más pequeño todavía toma el pecho.