La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Mi conversación con Karp Yerofeich se prolongó hasta pasada la media noche. Todas las historias que me contó estaban relacionadas con el penal y con sus héroes, como, por ejemplo, el inspector de la cárcel Selivánov que, en los momentos de ira, destrozaba a puñetazos las cerraduras de las puertas y al que los detenidos, hartos de su crueldades, terminaron por matar.
Cuando Mikriukov fue a reunirse con su mujer y sus hijos, salí a la calle. La noche era tranquila y estrellada. En alguna parte, un vigilante daba golpes con su maza; cerca murmuraba un arroyuelo. Pasé un buen rato contemplando el cielo y las isbas, y me parecía un milagro encontrarme a diez mil verstas de mi hogar, en una aldea del fin del mundo llamada Palevo, donde se olvidan los días de la semana… ¿Para qué recordarlos cuando da lo mismo que sea miércoles o jueves?
Más al sur, siguiendo la línea de la proyectada carretera de postas, se encuentra la colonia de Valzi, fundada en 1889, en la que viven cuarenta hombres y ni una sola mujer. Una semana antes de mi llegada, tres familias fueron enviadas desde Ríkovskoie aún más al sur para fundar la colonia de Longari, junto a uno de los afluentes del río Poronai. Esas dos colonias, en las que la vida acaba de empezar, las dejo a la atención de algún escritor que tenga ocasión de visitarlas por un buen camino y verlas de cerca.