La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Reanudamos la marcha al día siguiente, por la mañana temprano, con calma chicha y tiempo tibio. Las costas de Tartaria son montañosas, pródigas en picos cónicos; una leve neblina azulada velaba los contornos: era el humo de lejanos bosques en llamas; según dicen, ese humo a veces alcanza tal espesor que se vuelve tan peligroso para la navegación como la bruma. Si un ave volara en línea recta desde el mar, por encima de las montañas, dudo que encontrara una sola vivienda o una sola persona en un área de 500 verstas o más… La verde orilla brilla alegremente al sol, sin ninguna necesidad de presencia humana. A las seis llegamos al punto más angosto del estrecho, entre los cabos de Pogobi y Lazarev, y pasamos a poca distancia de ambas orillas. A las ocho doblamos el Gorro de Nevelskói, como se llama a una montaña coronada de una protuberancia que parece un gorro. Era una mañana clara, luminosa, y el placer que sentía de estar allí se veía reforzado por una suerte de orgullo.