La isla de Sajalin

La isla de Sajalin

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Al cabo de unos instantes el señor Beli y no nos presentamos; luego desembarcamos juntos y cené en su compañía. De la conversación que tuvimos pude deducir, entre otras cosas, que acababa de regresar en el Vladivostok de un lugar llamado Taraika, en la costa del mar de Ojotsk, donde los presos estaban construyendo una carretera.

Su vivienda es pequeña, pero agradable y lujosa. Ama las comodidades y la buena cocina, y eso se refleja en todo el distrito que está bajo su jurisdicción; durante mis desplazamientos, encontré en las viviendas de los vigilantes y en los puestos, no solo cuchillos, tenedores y copas, sino incluso servilletas limpias y guardianes capaces de preparar una sabrosa sopa; y, sobre todo, no había tantas cucarachas y chinches como en el norte. Según me contó el señor Beli, cuando estuvo inspeccionando la construcción de la carretera en Taraika, vivía confortablemente en una tienda de campaña, tenía un cocinero a su servicio y en sus ratos de ocio leía novelas francesas[61]. Es de origen ucraniano y en sus tiempos fue estudiante de derecho. Es joven, pues aún no ha cumplido los cuarenta años, la edad media de los funcionarios de Sajalín.




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