La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Aunque esas cifras del cincuenta y tres y del veinticinco parezcan insuficientes, para una joven colonia penitenciaria que se desarrolla bajo las condiciones más desfavorables hay que reconocer que no son tan bajas. En Siberia, en la población del penal y las colonias de exiliados, las mujeres constituyen menos del 10 %; además, si examinamos la situación de la deportación en el extranjero, nos encontramos con colonos, ya convertidos en respetables granjeros, tan poco favorecidos en ese sentido, que recibieron con entusiasmo a unas prostitutas enviadas desde la metrópoli y pagaron cien libras de tabaco por cada una a quienes se las procuraron. La llamada cuestión femenina presenta aspectos escandalosos en Sajalín, pero menos repugnantes que en las colonias penitenciarias de Europa occidental en sus comienzos. A Sajalín no solo llegan criminales y prostitutas. Gracias a la Dirección General de Prisiones y a la Flota Voluntaria, que han logrado establecer comunicaciones rápidas y cómodas entre la Rusia europea y Sajalín, el problema de las esposas e hijas que querían seguir a sus maridos y padres al exilio se ha simplificado considerablemente. Hasta hace poco, solo había una mujer por cada treinta criminales que seguía voluntariamente a su marido; en la actualidad, la presencia de mujeres de condición libre se ha vuelto habitual en las colonias, hasta el punto de que resulta difícil imaginarse, por ejemplo, a Ríkovskoie o Novo-Mijaílovka sin esas trágicas figuras que, «venidas para aliviar la vida de sus maridos, han perdido la suya». Es probable que ese sea el único punto en el que Sajalín no ocupa el último lugar en la historia de los penales.