La isla de Sajalin

La isla de Sajalin

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No está previsto que las mujeres se ocupen de trabajos forzados en la isla. Es cierto que en ocasiones friegan los suelos en las oficinas, trabajan en los huertos y cosen sacos, pero no existe, y probablemente nunca existirá, una labor penosa, obligatoria, constante y definida. La cárcel cede todas las presas a la colonia. Cuando se las conduce a Sajalín, no se piensa en su castigo ni en su regeneración, sino en su capacidad para engendrar hijos y llevar una casa. Son asignadas a los colonos en calidad de trabajadoras, en virtud del artículo 345 del Reglamento de la deportación, que permite a las presas solteras «ganarse la vida trabajando en las colonias más cercanas para los colonos más antiguos, hasta que se casen». Pero ese artículo solo sirve para orillar la ley que prohíbe la fornicación y el adulterio, pues una presa o exiliada que viva en casa de un colono no es una jornalera, sino una compañera, una esposa ilegítima, con el conocimiento y consentimiento de las autoridades. En los informes oficiales y las disposiciones la vida de las mujeres que viven bajo el techo de un colono se define como «organización conjunta de una hacienda» o «administración conjunta de una casa»[107], y se les designa a los dos como «pareja libre». Puede decirse que, a excepción de un pequeño número de mujeres de clases privilegiadas y de las esposas que siguen a sus maridos, todas las presidiarias se convierten en cohabitantes. Esa situación se puede considerar una regla. En una ocasión se me comentó la estupefacción que causaron las palabras de una mujer que, en Vladímirovka, se negó a convertirse en cohabitante, alegando que se le había enviado al penal para trabajar y no para ninguna otra cosa[108].


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