La isla de Sajalin

La isla de Sajalin

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Si una mujer de condición libre llega sin dinero o trae tan poco que solo alcanza para comprar una isba, y ni ella ni el marido reciben nada de casa, pronto empieza a pasar hambre. No hay modo de ganarse la vida, ni lugar donde ejercer la mendicidad, y tanto ella como sus hijos tienen que alimentarse de los víveres que su marido obtiene de la cárcel, apenas suficientes para una persona adulta[114]. Día tras día sus pensamientos se ocupan de una sola cuestión: ¿cómo comer y cómo alimentar a sus hijos? El hambre es continua, los cónyuges se reprochan mutuamente cada pedazo de pan que comen, la mujer se convence de que la situación no mejorará nunca y se va endureciendo; poco a poco llega a la conclusión de que en Sajalín nadie se alimenta de sentimientos delicados y sale a ganarse cinco o diez kopeks «con su propio cuerpo», como me dijo una de ellas. Él también se endurece, no se preocupa de la pureza, nada de eso le importa. En cuanto las hijas cumplen catorce o quince años las ponen también en circulación. Las madres comercian con ellas en casa o las entregan como cohabitantes a colonos ricos y vigilantes. Todo ese proceso se ve favorecido por la completa ociosidad en que vive una mujer libre. En los puestos no hacen absolutamente nada y en las colonias, especialmente en los distritos septentrionales, las tareas que desempeña son en verdad insignificantes.



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