La isla de Sajalin

La isla de Sajalin

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Los niños de Sajalín son pálidos, delgados, indolentes. Van vestidos con harapos y siempre están hambrientos. Como el lector verá más adelante, mueren casi siempre de enfermedades intestinales. Viven acosados por el hambre; a veces, durante meses enteros, solo se alimentan de nabos o, en las familias más acomodadas, de pescado salado. Las bajas temperaturas y la humedad destruyen el organismo infantil, llevándolo a la extenuación, a una degeneración lenta de todos los tejidos. De no ser por la emigración, bastarían dos o tres generaciones para que la colonia presentara un cuadro completo de las malnutriciones más graves. En la actualidad, los hijos de los colonos y presos más pobres reciben del Estado los llamadas «subsidios alimentarios»; de uno a quince años un rublo y medio al mes, y para los huérfanos, inválidos, niños deformes y gemelos tres rublos. El derecho de los niños a esas ayudas depende del criterio de los funcionarios, que interpretan cada uno a su manera el concepto de «los más pobres»[129]. El rublo y medio o los tres rublos se gastan según el criterio del padre o de la madre. Esa ayuda pecuniaria, que depende de tantas consideraciones y que, debido a la pobreza y falta de conciencia de los padres, rara vez alcanza su objetivo, tendría que haberse suprimido hace mucho tiempo. No disminuye la pobreza y solo sirve para enmascararla, ya que induce a pensar a las personas mal informadas que la alimentación de los niños de Sajalín está asegurada.


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