La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Un día, regresaba de Krasni Yar a Aleksándrovsk en compañía del señor von Fricken, inspector de agricultura, él a caballo y yo en calesa. Hacía calor y en la taiga el ambiente era sofocante. Los presos que estaban trabajando en la carretera iban con la cabeza descubierta y tenían las camisas empapadas de sudor. Cuando llegué a su altura, detuvieron mi caballo y, tomándome por un funcionario, se quejaron de que el pan que recibían era incomible. Cuando les dije que se quejaran a las autoridades, me respondieron:
—Se lo dijimos al inspector jefe Davídov y nos acusó de rebeldía.
Realmente el pan era malísimo. Al partirlo, brillaban al sol diminutas gotas de agua; además, la miga se pegaba a los dedos y tenía un aspecto tan desagradable y viscoso que daba repugnancia tenerla entre los dedos. Me trajeron varias porciones, todas poco cocidas, con una harina mal molida y algún sobrepeso inconfesable. No cabía duda de que se había escatimado la harina de forma vergonzosa. Lo habían cocido en Novo-Mijaílovka, bajo la supervisión del inspector jefe Davídov.
Como consecuencia de la adición de diversos productos, las tres libras de pan previstas en la ración suelen contener mucha menos harina de la prevista en la Tabla[145].