La isla de Sajalin

La isla de Sajalin

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El lugar más destacado en la historia de la Iglesia de Sajalín lo ocupa hasta la fecha el padre Simeón de Kazán o, como se le llamaba normalmente, el pope Semión, que fue titular de la iglesia de Aniva o Kórsakov en los años setenta. Ya desarrollaba su labor en los tiempos «prehistóricos», cuando en Sajalín Meridional no había carreteras y la población rusa, militares principalmente, estaba dispersa en pequeños grupos por todo el sur. Semión pasaba casi todo el tiempo desplazándose de un grupo a otro, en trineos de perros o renos, y en verano en barcos de vela o atravesando a pie la taiga. Sufrió los rigores del frío, se vio bloqueado por tormentas de nieve, sorprendido en camino por alguna enfermedad, acosado por los mosquitos y los osos; naufragó en los rápidos de los ríos y se hundió en el agua helada, pero sobrellevó todos esos contratiempos con singular abnegación, calificando el desierto de «amable». Nunca declaró que su existencia fuera penosa. En sus relaciones personales con funcionarios y oficiales se comportó como un excelente camarada y nunca se mostró reacio a su compañía; tenía el arte de introducir, en medio de una alegre conversación, algún texto religioso. Esto es lo que decía de los exiliados: «A ojos del Creador todos somos iguales», y eso en un documento oficial[157]. En su época, las iglesias de Sajalín tenían una dotación muy pobre. En una ocasión, mientras consagraba el iconostasio de la iglesia de Aniva, se refirió de la siguiente manera a esa pobreza: «No tenemos campanas ni devocionarios, pero lo importante es que el Señor está en este lugar». Ya lo mencioné antes, cuando describí las Yurtas del Pope. Soldados y exiliados difundieron su fama por toda Siberia; en nuestros días, en Sajalín y más allá, el pope Semión se ha convertido en un personaje de leyenda.


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