La isla de Sajalin
La isla de Sajalin —¡Padre, por favor! —dijeron unas voces, y decenas de manos se extendieron hacia el padre Yegor en la oscuridad, como si quisieran asirlo—. ¡Por favor! ¡Háganos el honor!
Acomodaron al padre Yegor en la calesa y lo condujeron a casa de los recién casados.
El 8 de septiembre, que era dÃa de fiesta, salà de la iglesia después de la misa con un joven funcionario, justo en el momento en que traÃan un cadáver en unas angarillas; lo llevaban cuatro condenados harapientos, con rostros toscos de borrachos, parecidos a nuestros mendigos de ciudad; les seguÃan dos andrajosos más, para relevarlos, una mujer con dos niños y el georgiano, Kelbokiani, de cabellos oscuros, que iba vestido de civil (trabaja como escribiente y recibe el tÃtulo de prÃncipe); al parecer, las prisas se debÃan al temor de no encontrar al sacerdote en la iglesia. Por Kelbokiani nos enteramos de que habÃa muerto Lialikova, mujer de condición libre, cuyo marido, un colono, se habÃa marchado a Nikoláievsk. Dejaba dos niños, y Kelbokiani, que vivÃa con esa Lialikova, no sabÃa qué hacer con ellos.