La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Por un lado se veía un amplio panorama del puesto y sus alrededores; por el otro, el mar, sereno y brillante a la luz del sol. En la colina había muchas tumbas y cruces. En un determinado lugar se alzan dos altas cruces, una junto a la otra: son las tumbas de Mitsul y del vigilante Selivánov, asesinado por un preso. Sobre las tumbas de los exiliados hay pequeñas cruces, todas iguales y todas mudas. A Mitsul aún se le recordará algún tiempo; a todos los que yacen bajo las pequeñas cruces, hombres que han asesinado, han intentado fugarse y han arrastrado cadenas, nadie considerará necesario recordarlos. Acaso en algún lugar de la estepa rusa, junto a una hoguera o en el bosque, un viejo carretero, llevado por el aburrimiento, contará los crímenes que cometió en su aldea cierto personaje. Su interlocutor, paseará la mirada por la oscuridad y se estremecerá, un ave nocturna ululará de pronto, y en eso consistirá todo el recuerdo. En la cruz que indica el lugar donde está enterrado un exiliado enfermero pueden leerse los siguientes versos:
Caminante, que estos versos te recuerden
que todo bajo el cielo tiene su fin, etc.
Y al final:
¡Adiós, compañero, hasta la risueña mañana!
E. FIÓDOROV