La isla de Sajalin

La isla de Sajalin

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El soldado de Sajalín es manso, taciturno, obediente y sobrio. Solo en el puesto de Kórsakov vi soldados borrachos, armando alboroto en la calle. Canta rara vez, y siempre la misma cantinela: «Diez chicas para mí solo. Donde van las chicas allí voy yo… Las chicas van al bosque y allí voy yo». Una canción alegre, pero cantada con tanta tristeza que, al oírla, la nostalgia se apodera de ti y empiezas a sentir lo ingrata que es la naturaleza de Sajalín. El soldado soporta dócilmente todas las privaciones y arrostra con indiferencia peligros que, con frecuencia, amenazan su vida y su salud. Pero es tosco, limitado y obtuso; la falta de tiempo libre le impide tomar conciencia de sus deberes de soldado y del sentido del honor, por eso comete continuamente los mismos errores que los enemigos del orden a los que debe vigilar y perseguir[170]. Esas limitaciones se ponen de manifiesto especialmente cuando se le confían misiones que no se corresponden con sus aptitudes, por ejemplo, cuando se le nombra guardián de la cárcel.







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