La isla de Sajalin

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Según el artículo 27 del Reglamento de la deportación, en Sajalín «la vigilancia penitenciaria está a cargo de guardias subalternos y guardias-jefe, con una distribución de un guardia-jefe por cada cuarenta presos y un guardia subalterno por cada veinte, nombrados cada año por la Dirección General de Prisiones». Así pues, hay tres guardianes —uno jefe y dos subalternos— por cada cuarenta condenados, es decir, uno por cada trece. Si se considera que trece personas trabajan, comen, pasan su tiempo en la cárcel, etc., bajo la supervisión constante de un hombre concienzudo y experimentado, y que este, a su vez, se encuentra bajo la autoridad del inspector de la cárcel, que depende del jefe de distrito, etc., puede uno sentirse tranquilo y pensar que todo va bien. En realidad, la vigilancia ha sido hasta la fecha el aspecto más deficiente del penal de Sajalín.

En la actualidad hay unos ciento cincuenta guardianes-jefe y el doble de guardianes subalternos. Los puestos de guardias-jefe los ocupan suboficiales o simples soldados que saben leer y escribir, que han completado su servicio en regimientos locales, y algunos ciudadanos libres, aunque estos últimos son bastante raros. El personal subalterno, que asegura efectivamente el servicio, solo representa el 6 % del personal superior, y las funciones de guardia ordinario son desempeñadas casi exclusivamente por soldados rasos reclutados de los regimientos locales.


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