La isla de Sajalin
La isla de Sajalin En la actualidad, Sajalín cuenta con tres ciudades de distrito en las que residen los funcionarios y los oficiales con sus familias. Esa sociedad es tan diversa y cultivada como en Aleksándrovsk. Así, por ejemplo, en 1888 un grupo de aficionados fue capaz de representar La boda[176], y cuando en Aleksándrovsk, durante las grandes fiestas, los funcionarios y los oficiales, por mutuo acuerdo, sustituyen las recepciones por donativos en dinero en favor de las familias pobres y los niños, en la hoja de suscripción suele llegarse a las cuarenta firmas. La sociedad de Sajalín causa muy buena impresión al visitante. Es cordial, hospitalaria y comparable en todos los sentidos a nuestras comunidades de provincia. La región de la costa oriental pasa por ser más viva e interesante. Al menos los funcionarios no se muestran muy satisfechos cuando los trasladan a Nikoláievsk o De Castries. Pero lo mismo que en el estrecho de Tartaria suelen producirse tempestades tan violentas que los marineros ven en ellas el eco de algún ciclón desencadenado en los mares de China o de Japón, así también en la vida de esta sociedad se deja sentir el pasado reciente de la isla y la cercanía de Siberia. Se puede juzgar la naturaleza de las personas que fueron nombradas después de las reformas de 1884 a partir de las órdenes de destitución, las actas de acusación y las declaraciones oficiales sobre los desórdenes en el ejercicio de sus funciones, que llegan hasta un «desenfreno desvergonzado» (Ordenanza N.º 87, 1890), y también a partir de anécdotas y relatos de todo tipo, como el del exiliado Zolotariov, un hombre acomodado, que se relacionaba con los funcionarios, participaba en sus francachelas y jugaba con ellos a las cartas. Cuando su mujer lo encontró en semejante compañía, lo reprendió por relacionarse con personas que podían ejercer una mala influencia sobre su moral. Todavía hoy se encuentran funcionarios a los que no les importa levantar la mano y dar un puñetazo en la cara a un preso, incluso a los privilegiados, u ordenar a una persona que no se ha quitado la gorra con la suficiente presteza: «Vete a ver al inspector y dile que te dé treinta latigazos». Y aún puede asistirse a desórdenes como el siguiente: durante casi un año se pensó que dos presos se encontraban en paradero desconocido, cuando durante todo ese tiempo estuvieron recibiendo su ración e incluso fueron asignados a diversos trabajos (Ordenanza N.º 87, 1890). Más de un inspector ignora el número exacto de detenidos que alberga su prisión, cuántos se alimentan de la olla común, cuántos se han fugado, etc. El propio comandante de la isla considera que «en general, la situación en el distrito de Aleksándrovsk, en todas las ramas de la administración, causa una penosa impresión y exige numerosas y serias mejoras». En lo que respecta al funcionamiento de las oficinas, se ha delegado demasiado en empleados que «han llevado las cosas con una total falta de control, como se desprende de algunos fraudes descubiertos por casualidad» (Ordenanza N.º 314, 1888)[177].