La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Pero, sea como fuese, la «Casa de los muertos» ya no existe. Entre los miembros de la intelligentsia que ocupan puestos de responsabilidad y trabajan en las oficinas de Sajalín, encontré personas razonables, bondadosas y nobles, cuya presencia es una garantía suficiente de que una vuelta al pasado es imposible. En la actualidad, los presos ya no ruedan en toneles y no se puede azotar a una persona hasta la muerte o conducirla al suicidio sin causar la indignación de la sociedad local y levantar rumores a lo largo del Amur y en toda Siberia. Tarde o temprano, cualquier hecho abominable sale a la luz y se hace público, como prueba el triste asunto de Onor[179] que, a pesar de los muchos intentos por ocultarlo, suscitó numerosos comentarios y fue recogido en los periódicos gracias a la intelligentsia de Sajalín. Las buenas personas y las buenas acciones ya no constituyen una rareza. Hace poco falleció en Ríkovskoie una enfermera que había vivido muchos años en Sajalín, únicamente porque deseaba consagrar su vida a las personas que sufren. En una ocasión, durante mi estancia en Kórsakov, un preso fue arrastrado por el mar en una balsa de paja. El inspector de la cárcel, el mayor Sh., se lanzó al mar en una lancha y, a pesar de la tempestad, poniendo su vida en peligro, estuvo navegando hasta que, a las dos de la madrugada, en medio de la oscuridad, localizó la balsa y rescató al preso[180].