La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Además de dirigir los departamentos de policía, los jefes de distrito se ocupan de distribuir alimentos a las mujeres, asistir a multitud de comisiones, inspecciones, etc. La instrucción judicial y las tareas policiales recaen en los inspectores de prisiones y sus adjuntos. En esas condiciones el funcionario de Sajalín debe matarse a trabajar, dejarse la piel, como suele decirse, o cruzarse de brazos y delegar la mayor parte de sus ocupaciones en los condenados que hacen las veces de escribientes, algo que sucede en la mayoría de los casos. En las oficinas locales los condenados no solo se ocupan de la correspondencia, sino que también redactan documentos importantes. Como suelen tener más experiencia y se muestran más enérgicos que los funcionarios, sobre todo que los novatos, es relativamente normal que un preso o un colono lleve sobre sus hombros todo el peso de la oficina, la contabilidad e incluso la sección de instrucción judicial. Después de muchos años de trabajo, bien por incapacidad, bien por malicia, embrolla todos los documentos de tal manera que solo él puede poner orden en ese galimatías; de ese modo, se vuelve indispensable e insustituible, y las autoridades, incluso las más severas, no están en condiciones de prescindir de sus servicios. El único medio de desembarazarse de su omnipotencia es reemplazarlo por dos funcionarios dignos de ese nombre.